Posted on29/04/2026|Comentarios desactivados en Se nos fue el Tío Claudio
Hoy empecé el dia con esa noticia, un mensaje de la tía Mary, avisando que anoche partió el más querido tío del corazón. De vecino a pariente, sanguíneo.Voy cayendo de a poco, de a ratos. Nuestro Maradona como persona ídolo fuera de la cancha, mi bostero más querido -sacando a mi vieja-, nuestro Bruce Willis barrial, nuestro forzudo sobreviviente de mil batallas, de mil peleas, de mil caídas, todo por mil, fuerte, sin tibieza. Una vida intensa, dura, como todas las de nuestra clase, y desbordante de alegrías y disfrutes. Cada encuentro, cada charla, te recordaba que te quería y te lo hacía sentir en el abrazo. O te lo decía en un audio dadaista plagado de palabras inventadas. Cómo lo voy a extrañar. Lloré un poco a la mañana, lloré un poco a la tarde (viendo las fotos de mi hermano), lloro un poco mas ahora (tengo la compu en service y ningún backap conmigo para volver a verte, tío). Ojalá algún día pueda escribirte alguna de las mil doscientas anécdotas que me contaste o compartimos. (La venias pasando.mal.con las facturas del cuerpo:) Ojalá descanses en paz. (Lamento no haber podido agarrar una manija para acompañarte hasta el final; seguro pesaba). Te quiero mucho, para siempre
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Posted on14/05/2025|Comentarios desactivados en Un policía se ducha con una vaca en el taller
Un policía se ducha con una vaca. El poli enjabona a la vaca de la cabeza a la cola, y después se enjabona él mismo de la gorra a los borcegos. El jabón es de grasa de chancho y algún agregado traerá porque, en cuanto empiezan a enjuagarse, se decoloran. A la vaca comienzan a escurrírsele las manchas negras hacia las patas y pezuñas, y también se va por la rejilla el azul del uniforme; gorra, chaqueta y pantalón se van volviendo celestes y de a poco van quedando de un color medio crudo como el cuero lechoso de la vaca, un blanco no blanqueado. Al terminar el enjuague, ambos de un blanquecino no inmaculado, el policía seca a la vaca con una toalla celeste y luego se seca él mismo con una toalla blanca poco limpia, y para finalizar se aplica meticuloso aire caliente con un secador de pelo, y también a la vaca en la cabeza y el pompón de la cola. La vaca sigue mojada y salpica al chapotear un poco del agua negra y azul que le mancha los garrones y pantorrillas al policía todavía húmedo con el uniforme blancuzco adherido a la piel trigueña.
La vaca primero y atrás el policía de un blanco sucio como nieve vieja salen de los vestuarios y se dirigen al buffet. Antes de entrar zapatean en el trapo de piso bajo la mirada atenta del bufetero. El policía se sienta en una mesa cerca de la ventana y se pide unos ñoquis con tuco y una jarrita de vino de la casa. La vaca se queda parada enfrente y le sirven un platazo de pasto con pesto. El policía se mancha con tuco el pantalón medio limpio. La vaca come despaciosa. Afuera llueve a cántaros.
Este año ya leímos a Victoria Chang, Luis Sagasti, Antonio Di Benedetto, Liliana Ancalao, José Watanabe, Mark Strand, Chejov, Mansfield, Auster… y se escribió un montón.
Los lunes 19 hs. estamos prácticamente completos. Queda algún lugar los miércoles 15 hs. (y los jueves 19 hs. que da El Ale; fui una vez de suplente y otra por gusto).
Contento de retomar estas prácticas (que tanto cultivamos con @aleguerrig): haceres vitales que tan bien (nos) hacen, sobre todo en tiempos como los que tocan.
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Posted on30/04/2025|Comentarios desactivados en Feria del Libro
El sábado fui, como todos los años, a procurarme unos ejemplares escogidos a la feria. Un mes antes empiezo a investigar los últimos lanzamientos, los anuncios de stands institucionales de otros países, las actividades con invitados internacionales, y ahí voy armando una lista breve de qué ir a buscar. Ingresé, con una entrada gratis que me consiguió un amigo librero, por Cerviño, donde siempre hay menos gente, cerca de las 16 hs. ¿Por qué en un horario tan concurrido? Obvio: con tanto amontonamiento resulta más fácil sustraer lo que necesito. Los empleados se dan por vencidos y, si uno no se zarpa de descaro, nadie impedirá una labor prolija. Ojo que tengo mis códigos: nunca le sacaría nada a mis amistades, que son muchas, ni a ninguna de las editoriales independientes que comparten puestos en áreas laterales. Pero para las cadenas negreras y las multinacionales insaciables, cero consideración. Hay un factor que me juega a favor y en contra: soy manco. Y nadie quiere observarme mucho tras haberlo advertido, pero tengo que asegurarme esa primera mirada antes de, con mi mano hábil, poner en mi morral el libro codiciado. Este año seleccioné sólo siete títulos. Por gusto, la última novela del bielorruso Andrei Andreianov, la única que me falta leer: Horizontalidad, la historia decimonónica de un aristócrata que decide pasar el resto de su vida acostado en la cama o en el suelo. También la suntuosa poesía visual completa de Bela Lugosi, con sus 200 páginas en papel ilustración y tapa dura. Los «Ensayos de materia fecal» del brasileño Luis Herminio Boaventura Igrejas. Y una novela gráfica de Daniel Alejandra llamada «Los trillizos siameses». Ya pensando en plata, me llevé «El libro de las veladuras» del fotógrafo uruguayo Californio Maldonado, un lujo; la «Filosofía ilustrada de sexo no genital», carísimo, incomprable, y también de Tachen, «Recetas gastronómicas con raíces y cortezas», que seguro ubique rápido por mercadolibro. También me compré, para disimular, los «Poemas para no ir a trabajar» de Fernando Aíta, el libro más barato que encontré. Saludé a varios colegas y conocidos, y salí cargadito otra vez por Cerviño. ¡Gracias, Feria!
Posted on15/04/2025|Comentarios desactivados en Más de cine musical
Siga la música
Hace unas semanas escribí sobre el cine musical, bastante en boga en producciones y premiaciones. Más allá de las películas estrictamente musicales, con personajes que cantan y bailan temas como parte fundamental de su trama, esos recursos fueron permeando a diferentes géneros del cine, y hace ya un par de décadas podemos ver escenas musicales en todo tipo de películas (como vidoclips embebidos, la otra vez mencionaba a «El jockey», y hace poco vi «El ángel», también de Luis Ortega, que 6 años antes ya mostraba una gran escena bailable).
Esto guarda relación con la musicalización creciente de la vida cotidiana, la presencia de músicas en cada vez más ámbitos de nuestro paisaje sonoro. Pensemos que hace 120 años (salvo cajitas musicales y pianolas) toda la música que se escuchaba era interpretada en vivo. Pero desde mitad del siglo XIX, se desarrolla «la revolución eléctrica» que da lugar a lo que Murray Schafer llama la era de la «esquizofonía», la disociación entre un sonido original y su transmisión o reproducción electroacústica: «Con el teléfono y la radio, el sonido ya no estuvo amarrado a su punto de origen en el espacio; con el fonógrafo se liberó de su punto original en el tiempo».
Un siglo de avances tecnológicos en las formas de reproducción y usos de la música, muchas veces impulsados por intereses corporativos, que acarrean cambios en la percepción y las conductas, cambios en la sensibilidad: en una enumeración veloz podemos incluir discos, radio, jingles, bandas de sonido, altoparlantes, discotecas, música funcional, casette, walkman, videojuegos, videoclips, PC, CD, DVD, MP3, celulares, plataformas de streaming…
Estos días miré la controvertida y multipremiada «Emilia Pérez» de Jacques Audiard, un musical policial donde se conjugan varios consumos culturales contemporáneos que, a mi entender, dan cuenta de la revitalización del género musical, como el paso del habla al rapeo, coreografías con estética de flash mob («multitud relámpago»), karaoke (subtítulos y video), y la presencia misma de figuras pop como Selena Gómez, el álbum de la banda de sonido original como producto derivado, etc.
Posted on01/03/2025|Comentarios desactivados en Taller de escritura presencial en Mina Clavero
TALLERES PRESENCIALES 2025
Este taller es un espacio para escribir y leer. La idea es, a partir de distintas propuestas e intercambios, generar un conjunto de textos y probar herramientas. Se escribe en el momento y entre semanas. Se lee en voz alta lo que cada cual elige. Se dan y se reciben opiniones. Se profundiza en algunos puntos y se ofrecen alternativas para seguir explorando. Cada uno escribe desde sus ganas y todxs nos beneficiamos con los aportes del grupo.
Comparten: Fernando Aíta y Alejandro Arriaga
A partir del lunes 10/3 en Poesía Ambiente Av. Mitre 1204, Mina Clavero, CBA.
Posted on01/03/2025|Comentarios desactivados en Cine musical
En una semana, sin proponérmelo, vi dos películas musicales: Joker: Foliè a Deux (2024) de Todd Phillips, y la taiwanesa El agujero (1998), de Tsai Ming-liang.
Sin proponérmelo, ya que no sabía que pertenecían a ese género polémico. Ignoraba que The Hole incluía números musicales: Pablo Schanton la mencionaba como ejemplo de «slow cinema» en un artículo sobre bandas de sonido. Del Guasón 2, no me enteré cuando se estrenó a fines de 2024, y si bien la presencia de Lady Gaga lo sugería, no retuve el dato «musical» ni me lo recordó mi amigo Daniel cuando le pregunté si había visto algo recomendable.
Con «cine musical» me refiero a películas que tienen canciones o temas musicales bailables como parte fundamental de su trama. El género pronto cumple 100 años, igual que el cine sonoro, desarrollo tecnológico del que es consecuencia directa: estrenado en 1927, El cantante de jazz, con Al Johnson, fue el primer largometraje con sonido sincronizado. Pero música y cine ya venían en simbiosis con la musicalización de filmes en vivo, y las películas musicales llevaron a las pantallas una tradición de espectáculos que combinaban actuación, canto y baile: de la ópera y el ballet, a la zarzuela, las operetas, las revistas, el vodevil, el cabaret…
El género tuvo su edad de oro en los años 30, y un segundo auge a mitad de siglo. Desde los 60s, el musical parece privilegiar las letras de canciones (rock) y relegar las coreografías, pero entre los 70s y 80s aparecen varios musicales centrados en el baile: desde Saturday Night Fever y Grease, a Fame y Flashdance (y Foot Loose y Dirty Dancing).
Pero lo que me llamó la atención fue notar en otras dos pelis que vi poco antes, El Jockey (de Luis Ortega) y Babygirl (con Nicole Kidman), memorables escenas de baile no «requeridas» por la trama, una suerte de videoclips embebidos. Me pregunté si era una tendencia al recordar a Emma Stone en Pobres Criaturas (2023, de Lanthimos, y en Kinds of Kindness), pero sin dudas algo que viene de largo: p. ej., Travolta y Uma en Pulp Fiction (1994). Y entonces pensé si será un reflejo del cine ante la musicalización creciente de la vida diaria.
Posted on25/01/2025|Comentarios desactivados en Remera rappera
Esa remera me la regaló Meteoro, una noche de comer y beber en la Alfarería Paez Monges, de Areguá, Paraguay, en septiembre de 2019.
Lo había conocido ahí mismo poco antes, cuando Caro Urresti nos llevó a conocer a Ña Nena y su sobrino Domingo, y Meteoro estaba encargado de montar guardia, toda la noche en vela, cuidando 24 horas de horneada a leña de macetas, jarrones, cuencos…
Esa casi semana en Areguá, todos los días pasamos por la alfarería. Y la noche antes de partir, hicimos una cena a la canasta y compramos con Domingo un cajón de cerveza. Cuando empezamos a destapar, mucho calor, había otro ayudante, medio picado ya, con el torso desnudo y quejándose avergonzado de haber olvidado su camisa. En solidaridad, me puse también en cueros. Meteoro me dio la mano. Pero el hombre, con un par de botellas más, seguía con la queja, y Domingo lo terminó mandando a la casa por pesado.
En un momento le dije a Meteoro que me gustaba la canción de su remera. Se la sacó de una y me la regaló, y se fue a buscar otra, una de fútbol, no recuerdo el club. Me quedé de cara. Recién al otro día me rescaté de lavar y mandarle la guayabera (recuerdo de La Habana) que me había sacado.
Meteoro no conocía «Rapper’s Delight», uno de los primeros temas de Hip Hop en ser grabados, en 1979. Manu Cullen (gracias por la visera) me apuntó que poco antes se habían registrado unas líneas rapeadas sobre otra música disco: el histórico pero intrascendente «King Tim III» de la ignota Fatback Band.
«»Rapper’s Delight» contiene las líneas de bajo y guitarra de «Good Times» de Chic, y el guitarrista Nile Rodgers cuenta en un video cómo se enteró de la movida gracias a Debbie Harry, cantante de Blondie, que lo invitó al Bronx a escuchar rap en vivo.
Sugarhill Gang fue un grupo armado por la productora Sylvia Robinson con rapperos novatos y músicos sesionistas, ya que todavía no existía el sampleo, y «Rapper’s Delight», hiphop apropiacionista (también incluye un fragmento de «Here Comes That Sound Again» de Love De-Luxe y letra de Grandmaster Caz) fue grabada en una sola toma de más de 14′.
A su vez, es el tema que cita otro hit único de la banda Las Ketchup: «Aserejé, ja, dejé».
PD: En tren de asociar, también me acordé de un tema de Superuva: «Desesperado voy buscando en las vidrieras,/ voy preguntando ¿tienen remeras rockeras?» Igual, como dijo PR, «Ya nadie va a escuchar tu remera».
Posted on18/12/2024|Comentarios desactivados en Matafuegos
Anoche, por primera vez, usé un matafuegos.
Estaba bajando en el auto a Nono para jugar al fútbol en Unión a las 21. Voy cada tanto, cuando cuesta juntar 10. Ayer conmigo éramos 8: me sumé con la esperanza de contagiar a los dos que faltaban, pero aunque sea daba para un 4 contra 4, y cerrar la temporada corriendo un rato.
Venía por Las Moras, camino de tierra, escuchando a Falú, serían las 9 menos 10, ya oscurecía, y pasando El Alto, después de cruzar la calle que va desde el asfalto en Isleta del Monte hasta el vado de San Isidro, unos cien metros más adelante, vi un fulgor, amarillo, intenso, y sentí olor a quemado, a combustible. ¿Están prendiendo fuego?
Bajé un poco la velocidad y seguí avanzando. Detenido sobre la mano derecha, un Renault 12 con el capó levantado y el motor en llamas, y una pareja tirándole arena que juntaba del suelo en los bordes del camino.
Frené a unos 15 metros, saqué el matafuegos de abajo del asiento y me acerqué con cautela. Les dije que lo tenía pero nunca lo había usado; ellos tampoco. Por suerte era muy fácil: Saqué el seguro y el precinto, apunté al carburador, apreté las dos manijas y con menos de media carga el fuego se sofocó.
Me agradecieron mucho. Vivían a unas cuadras y enseguida llegó ayuda en moto.
Puse el matafuegos de nuevo en su lugar (había vencido en octubre y, como pasé la VTV, pateé la recarga para adelante: esta semana la hago sin falta), y seguí para la cancha.
Cuando llegué al club éramos 5 y uno en camino, dubitativo. El partido se suspendió,. Charlamos un rato con Pancho y Nata, y me volví los 5 km a casa, con la sensación extraña de haber estado en el lugar y el momento precisos: menos mal que salí.
Posted on18/09/2024|Comentarios desactivados en Una flecha, una vida (un libro)
Cuando empecé a practicar arquería en El Huayco, con Ruben De Noia, me enteré de la existencia de un libro, «One arrow, one life» de Ken Kushner, sobre Zen y kyudo, que no estaba disponible en castellano. Así que lo conseguí y fui traduciendo.
Cuando terminé , le escribí al autor, que me respondió muy amable, y a la editorial, que no me dio mucha bola. Para celebrar el trabajo realizado, me diseñé el libro (con ayuda de Lisandro Aldegani) y me lo imprimí a pedido (gracias a un datazo de Pablo, compañero de la Brigada). Si a alguien le gustaría tener uno, lo podemos charlar.
FRAGMENTO: Los japoneses adjuntan el sufijo «do» a los nombres de las artes Zen. «Do» es una palabra importante en el Zen. Es la traducción japonesa de la palabra china «Tao». No tiene un equivalente directo en castellano, tal vez porque no hay un concepto análogo en la cultura occidental. «Do» usualmente se traduce como «Camino» y connota un sendero o ruta al despertar espiritual. Las artes Zen pueden referirse como «Caminos» y no están limitadas a las artes marciales: kyudo es el Camino del arco; kendo es el Camino de la espada; karate-do es el Camino del puño vacío; shodo es el Camino de la escritura (caligrafía «espiritual»); y chado es el Camino del té (la ceremonia del té). Leggett describió los Caminos como:
«expresiones fraccionarias de Zen en campos limitados tales como las artes de combate con espada o lanza, artes literarias como poesía o caligrafía, y tareas domésticas como servir té, lustrar o hacer arreglos florales. Estas acciones se convierten en Caminos cuando la práctica no se hace meramente por el resultado inmediato sino también con vistas a purificar, calmar y enfocar el aparato psicofísico, para alcanzar cierto grado de conciencia Zen y expresarla». [
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Posted on20/03/2024|Comentarios desactivados en Surtidas Exhibición en El Local
Entre el 20 de marzo y el 27 de abril se desarrolló en El Local (J. B. Justo 4328, Paternal CABA) esta potente exposición conjunta de Pablo Ziccarello y Pablo Guiot, donde tuve el gusto de escribir el texto de.sala (que copio abajo).
Niños, gestos, dones
«El tiempo es un niño que juega…» Heráclito
No habla de las medidas de Cronos, la sucesión, sino de un instante de intensidad, y un devenir cíclico, las vueltas de la vida, y de las palabras para niño, en vez de neos (el nuevo), elige país (el que recibe alimento), falso amigo de nuestro país, raíz latina, paisano, paisaje, pueblo y pago. Encantos de la traducción: transfigurar dibujos en objetos, papelitos en chapas.
Una mendiga pícara de Constitución, perversa polimorfa, de dreadlocks y harapos, ni estampitas ni frases culpógenas, repartía papel picado, pedacitos de diarios y revistas, para convertirlos en monedas y billetes, San Martín y Belgrano, papel y metal. Lo genuino y rotundo del gesto repetido. Más allá del mensaje verse en el brillo a los ojos. Mantenerse en ese umbral de asombro. Ma, ¿por qué ese chico…? Desarmar y recomponer. Y el gusto por la reiteración. Pa, ¿por qué esa nena…?
Infantes, del latín, nombra a los que no hablan. De ahí estas invocaciones, más allá de su aspecto de bestias o villanos, a los héroes al rescate. ¿Sale Pablo? El ritual propiciatorio de estar en la plaza o en las calles. Un chico sin techo, apodado Mostrito, en los semáforos, frente a los parabrisas, hacía malabares con una sola piedra, con su look pesadillesco y la amenaza inocente del proyectil. Romper, deshacer, a ver de qué está hecho, cómo, y reconfigurar, reconstruir.
Lo que ofrece la vidriera. Conjurarse en un estallido cuando todo implosionó. Disculpe la molestia, ¿tiene algo para dar? El regreso de lo reprimido, el trasfondo, un clima de época que retorna. No se puede entrar dos veces al mismo río; sí jugar, pura presencia, a repetir los gestos para que se produzca algo diferente.
Fernando Aíta, marzo del 24
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