
Un policía se ducha con una vaca. El poli enjabona a la vaca de la cabeza a la cola, y después se enjabona él mismo de la gorra a los borcegos. El jabón es de grasa de chancho y algún agregado traerá porque, en cuanto empiezan a enjuagarse, se decoloran. A la vaca comienzan a escurrírsele las manchas negras hacia las patas y pezuñas, y también se va por la rejilla el azul del uniforme; gorra, chaqueta y pantalón se van volviendo celestes y de a poco van quedando de un color medio crudo como el cuero lechoso de la vaca, un blanco no blanqueado. Al terminar el enjuague, ambos de un blanquecino no inmaculado, el policía seca a la vaca con una toalla celeste y luego se seca él mismo con una toalla blanca poco limpia, y para finalizar se aplica meticuloso aire caliente con un secador de pelo, y también a la vaca en la cabeza y el pompón de la cola. La vaca sigue mojada y salpica al chapotear un poco del agua negra y azul que le mancha los garrones y pantorrillas al policía todavía húmedo con el uniforme blancuzco adherido a la piel trigueña.
La vaca primero y atrás el policía de un blanco sucio como nieve vieja salen de los vestuarios y se dirigen al buffet. Antes de entrar zapatean en el trapo de piso bajo la mirada atenta del bufetero. El policía se sienta en una mesa cerca de la ventana y se pide unos ñoquis con tuco y una jarrita de vino de la casa. La vaca se queda parada enfrente y le sirven un platazo de pasto con pesto. El policía se mancha con tuco el pantalón medio limpio. La vaca come despaciosa. Afuera llueve a cántaros.
Otro texto que me surgió en uno de los talleres que venimos dando y disfrutando con @aleja.n.drome en @poesia_ambiente.

Este año ya leímos a Victoria Chang, Luis Sagasti, Antonio Di Benedetto, Liliana Ancalao, José Watanabe, Mark Strand, Chejov, Mansfield, Auster… y se escribió un montón.
Los lunes 19 hs. estamos prácticamente completos. Queda algún lugar los miércoles 15 hs. (y los jueves 19 hs. que da El Ale; fui una vez de suplente y otra por gusto).
Contento de retomar estas prácticas (que tanto cultivamos con @aleguerrig): haceres vitales que tan bien (nos) hacen, sobre todo en tiempos como los que tocan.