Vi muchas personas caminando con maples de huevos.
Muchas pidiendo ayuda. Vendiendo cosas. Durmiendo en la calle
Vi muchas luces de noche y de día, muchas sombras tempranas, y resplandores con bajo contraste.

Me reuní con muchas personas amigas, ganas de juntarse intercambiar. Se me hizo más claro charlando con Juan, con Ales, Sol, Dani, Fedes: generar abundancia, sopa de piedra, abrir las casas, que cada quien traiga lo que pueda y seguro sobra.
Disfruté mucho con mis sobrinas y mi ahijado (mi hermano y mi cuñada).

Fui con el sindicato de lecheros a la marcha contra la Reforma Laboral Esclavista.
En una noche de juegos vi a Fama y Guita en Otra Historia, y adherí al contundente y tardío paro general.
Fui a un cacerolazo o ruidazo en la esquina, convocado por el sonido ambiente (no por un fláier), por la percusión de tachos y postes de luz: la Primavera Árabe quedó lejos (como el sueño de una Internet democrática, democratizadora: la revolución no será televisada ni posteada).
Visité varias muestras amigas (Rocambole en Recoleta, Frank Vega en microgalería, Falta Koda en Atocha, Rosendo Diaz en el local, Lisandro Arévalo, y Juan Carlos Urrutia y Laura Romano entre otros en galerías Larreta, y un par en el CC Borges).
Comimos asados y otras delicias, tomamos vermuts, nos juntamos a leer (invitado e instigador), escuchar música, cantar.
Y me llevé una buena cosecha de regalos, recursos, recuerdos y proyectos para un año que pinta plagado de novedades y cambios.

También me llegó la noticia triste de la muerte ejemplar (mimado, en el monte, sin achaques ni veterinaria) de Bandido, querido compañero de tantos años: otro recordatorio de la finitud.
